Inclusión Educativa en Colombia

La ley General de Educación de 1994 en Colombia, procuró impulsar una nueva visión de país, donde reclama la necesidad de que todos los colombianos se sientan incluidos en un mismo proyecto, desde la diversidad y la diferencia: de raza, se sexo, de color, de religión, de credo político, y demás elementos constitutivos del multiculturalismo colombino. Ya en su Art. 1 plantea: De conformidad con el artículo 67 de la Constitución Política, define y desarrolla la organización y la prestación de la educación formal en sus niveles preescolar, básica (primaria y secundaria) y media, no formal e informal, dirigida a niños y jóvenes en edad escolar, a adultos, a campesinos, a grupos étnicos, a personas con limitaciones físicas, sensoriales y psíquicas, con capacidades excepcionales, y a personas que requieran rehabilitación social (Ley General de Educación, 1994). La Misión de Sabios de 1994 dio un impulso considerable a estos intentos de comprender la nación dentro de los parámetros de la diversidad. Aunque, como han sostenido sus protagonistas, el documento construido por los “sabios”, no ha dado todos sus frutos, sí pudo haber impulsado movimientos sociales y culturales que han venido reivindicando sus derechos, sobre todo, el derecho de ser reconocidos dentro de sus diferencias.

Colombia es un país pluricultural y multiétnico que puede utilizar con provecho el acceso de que dispone a los legados occidental, amerindio y afroamericano, a elementos de las sociedades modernas, premodernas y postmodernas. Esto le permitiría maximizar habilidades de diversas bases culturales para diseñar nuevos sistemas de aprendizaje e incorporar una variedad de orientaciones culturales al dominio del racionalismo científico y de la tecnología contemporánea (p. 35). Esta nueva concepción de la inclusión en el país es el fruto de múltiples desarrollos socioculturales que tuvo sus inicios fuera de las fronteras de Colombia.

Especialmente con la Declaración Universal deDerechos Humanos por parte de la ONU en 1948, las sociedades contemporáneas han procurado reivindicar los derechos de los seres humanos. Aunque unas sociedades han avanzado más que otras en este sentido, no hay duda que, en la inmensa mayoría de los pueblos, hoy se tiene mayor conciencia de la dignidad de todos los seres humanos. En Colombia ha habido algunos avances, que, aunque muchos califican de incipientes, resultan significativos en la práctica cotidiana del quehacer educativo. Algunos estudios pueden hablar de dichos avances (Ramírez Valbuena, 2017) especialmente en lo referente a la Necesidades Educativas Especiales (NEE), en cuanto hoy se puede constatar una mayor conciencia a nivel nacional, departamental, local y comunitario, del derecho que tienen los niños con necesidades especiales de poder acceder al aprendizaje en condiciones educativas que favorezcan su normal desarrollo. Los proyectos de inclusión educativa de la mayor parte de las Secretarías de Educación del país, han ayudado a formar dicha conciencia inclusiva tanto en la sociedad, como en las comunidades locales y educativas. Con cierta atención a los educadores, como responsables directos de la atención escolares. Sin embargo, la sociedad en general, y los expertos en particular, coinciden en pensar que falta mayor atención a los procesos de inclusión, tanto a nivel educativo, como a nivel social. Colombia es en general un país muy desigual. Los estratos socioeconómicos están muy marcados. Existen seis estratos, comenzando por los sectores muy pobres, que apenas pueden sobrevivir en medio de carencias básicas, hasta las clases privilegiadas que cuentan con niveles de vida solo equiparable a las clases ricas de los países más desarrollados. En este contexto de desigualdad es todavía utópico hablar de inclusión social y educativa. Aunque, como plantea Ramírez Valbuena (2017), en el aula hoy se percibe una mayor aceptación de las diferencias, aún falta mayor concientización por parte de todos. Sin embargo, aquí se plantea un dilema de mayor complejidad aun, y es si el proceso de inclusión implica la aceptación de las diferencias socioeconómicas que han caracterizado a la sociedad colombiana, cocientes que estas diferencias encierran profundos obstáculos que impiden hablar de coherentemente de inclusión social y educativa. En lo que sí todos están de acuerdo es en la necesidad de impulsar políticas educativas efectivas que hagan posibles procesos reales de inclusión.


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